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23 Diciembre 2011
23 Diciembre 2011
UNA NOVELA SORPRENDENTE DE GLORIA DÁVILA ESPINOZA
23 dic 11 Autor: gloria-davila-espinoza En: COMENTARIO SOBRE EL TRABAJO DE GLORIA DÁVILA

Por: Mario Malpartida
Gloria Dávila Espinoza (Huánuco, 1961), más conocida como poeta, promotora cultural e impenitente viajera de la blogtósfera, en esta oportunidad nos entrega una obra verdaderamente sorprendente, en la que novela aspectos escalofriantes de la época del terror, en el oriente peruano. La Firma (Lima, arteidea, grupo editorial, 2010), es una nouvelle sobre el mundo de violencia con sus tres aristas confluyendo en las dos últimas décadas del siglo XX: la subversión, el narcotráfico y los mecanismos de la represión. Una trilogía de terror incrustada en la selva peruana y que causara gravísimas heridas en la población, con miles de víctimas, de todos los lados.
En este sentido, La Firma se adscribe a ese conjunto de obras que recoge historias sobre la irracional violencia habida en el país, a través de una perspectiva en la que se funden el trabajo de ficción con el de no ficción, debido a que, muchas veces, lo vivido en aquella temporada, rebasaba los límites de la realidad, al punto de convertirse en verdadera pesadilla para el país, a la que ya no era necesario agregarle mayor dosis de fantasía: la sola realidad era increíble.
En un trabajo de investigación, el peruanista Mark Cox señala que ha detectado a más de sesenta escritores que han publicado unos cien cuentos y treinta novelas sobre el tema. Sin embargo, cabe anotar que ese corpus de obras sobre la violencia política, prácticamente se focalizó en el mundo andino. El trabajo de Dávila Espinoza ausculta la realidad histórica literaturizada, en la zona del oriente peruano, donde ella radica por lo que, en no pocas veces, su trabajo literario adquiere ribetes testimoniales, igualmente desgarradores.
Así, pues, la literatura asumió una postura crítica y muestra la atmósfera general del contexto, sin abstenerse de particularizar algunos hechos investidos de cruda realidad. Por eso describe, en vívidas escenas, la tragedia de una población y sus protagonistas, atrapados muchas veces por el sistema, de manera descarnada y lapidaria, como ocurre en esta obra.
Sobre estas premisas se levanta La Firma, con un verbo valiente y audaz, sin concesiones y con el aval que otorga la perspectiva histórica del tiempo y el saber irrebatible del vox populi, vox Dei. La trama, sin embargo, privilegia el tema del tráfico ilícito que, desde tiempos inmemoriales, aqueja a la zona. Asimismo, desde las primeras páginas, precisa que hay todo un engranaje internacional dentro del cual regiones como Uchiza, Monzón, Cachicoto, Aucayacu y otros lugares citados en el libro, son sólo mínimas partes frente a enormes organizaciones que tienen sus sedes en México y Colombia.
Y precisamente, la trama argumental y el manejo del suspenso, tienen que ver con un esperado viaje a Colombia en donde se debe realizar una transacción de enorme magnitud, referida al comercio de la mercancía ilícita. Durante esa espera, el hilo de las historias va insinuando que allá se cierne un grave problema para los subalternos del jefe de la firma, sinónimo de mafia o banda de traficantes. Este mecanismo funciona como elemento de enganche con el lector, pues éste se siente atrapado por la curiosidad de saber qué es exactamente lo que va a ocurrir en Colombia. En el ínterin, contemplamos pasmados una sucesión de episodios, confundidos en el tiempo y en el espacio, narrados en tercera persona, en primera, o combinadas, exigiendo, para cada caso, nuestra mayor concentración intelectual, a fin de no perder de vista la identidad del protagonista de turno. Inclusive, en determinadas circunstancias, se tiene que apelar al sentido intuitivo para no perder el hilo de los acontecimientos y engarzar la secuencia correcta de la narración.
Técnicamente, se utiliza la perspectiva múltiple y la narración quebrada que alterna los tiempos, igualmente el racconto y el flash back. En esa multiplicidad de voces y juegos en el tiempo, asumen roles especiales Filomeno Narciso, un maestro de escuela con destino incierto, moviéndose entre la subversión y el narcotráfico; su esposa Gregoria, la gran sacrificada desde que Esparquín se lleva a Filomeno en plena fiesta por el advenimiento de su hijo; soldados identificados con sobrenombres, tales como Chacal, Piraña, Esparquín, Caimán; narcotraficantes, igualmente citados con sobrenombres: Gorila, Molleja, Cuchipanga, Argentino, Lagartija. Por el lado de los terroristas, se menciona a Chicle y a dos mujeres, Úrsula y Rosa, sobre las que se afianza aquel mito de que las mujeres habían desarrollado un instinto más salvaje que el los hombres: “Eran más fieras que un puma en época de celo” (:27). Casi entre líneas, se refiere que Úrsula fue pupila de Filomeno y que debido a su recomendación se hizo subversiva, dato que agrega rasgos de misterio sobre el pasado de Filomeno y su verdadero papel dentro de la trilogía del terror.
El eje de la narración lo sostiene la tortura persistente a Filomeno y, a través de este hecho, se describe la constante del modus operandi que se aplicó en la lucha contra la subversión. Aquí entran en juego las tres clases del poder: los que torturan y las dos formas del delito, la subversión y el narcotráfico. Y en esta última disyuntiva, los torturados no tienen el menor empacho en elegir la posibilidad más viable para entenderse con su verdugo. “Jefe, yo soy empresario de la droga, ya le dije, soy narco y no comunista, no tengo nada que ver con estos” (:45). Para balancear la fiereza de este grupo con la del otro, hay varias circunstancias que se narran, como las emboscadas en Puente Pucayacu o de Puente Pacae, en las que se pone de manifiesto la crueldad de los violentistas: “Al parecer, casi todos los militares habían perecido junto a una veintena de civiles” (:38). En este sentido, la obra expone el lado salvaje del hombre atrapado en ese tiempo y en ese espacio, absorbido inevitablemente por la irracionalidad, como tragado por la brutalidad de la jungla. Esa es la visión que ofrece la novela de Gloria Dávila Espinoza, sin tapujos.
La dimensión humana de alguno de sus personajes queda rescatada en los episodios de carácter sentimental, llámense recuerdos de amores furtivos, sublimes o prohibidos, así como el relato excelso de encuentros pasionales, aderezados por la presión del peligro inminente o el presagio de un final incierto. En este sentido, las secuencias de picardía, amor y apasionamiento entre Lagartija y Mary, proporcionan el distanciamiento emocional respecto de lo trágico, que es lo medular de la obra. De igual manera, lo hacen el amor infausto, signado por la presencia de Lorena en medio de dos hombres; la pasión irresistible que desata Úrsula en el ánimo de Caimán; los vericuetos oscuros del pasado amoroso del mismo Filomeno; etc.
El lenguaje coprolálico empleado por torturadores y torturados en sus respectivos parlamentos, contrasta con el alto nivel de la sintaxis, casi perfecta del discurso narrativo, cuando alguno de esos mismos personajes asume la narración de los hechos. En este sentido, el narrador en tercera persona, exhibe un lenguaje extremadamente cuidadoso que, en el caso de Filomeno, responde a su formación académica ya que él es profesor, pero que nos deja en duda frente a otros personajes. Sobre el particular, decíamos al comienzo, que nos ha causado gran sorpresa leer esta obra en prosa, porque conocemos el alto grado del lenguaje metafórico de Gloria Dávila, expuesto en su arte poética anterior. En este libro, el lenguaje incide en lo denotativo con toda su crudeza. Para ello ha apelado a un enunciado serio de carácter académico, con ligeros saltos de habla popular y grotesco para sus personajes.
Al margen de ello, La Firma es una novela que nos conmoverá, por su contenido dramático y por su estructura experimental.
23 Diciembre 2011
KAFKA REDIVIVO EN UNA NUEVA NOVELA DE GLORIA DÁVILA ESPINOZA
23 dic 11 Autor: gloria-davila-espinoza En: COMENTARIO SOBRE EL TRABAJO DE GLORIA DÁVILAMario A. Malpartida Besada
Con El hijo de Gregor Samsa (Lima, Grupo Editorial Arteidea, 2010), Gloria Dávila Espinoza (Huánuco, 1961), reafirma sus cualidades especiales para el cultivo del género novelesco, particularmente para esa variante tan exigente por la capacidad de síntesis que demanda: la nouvelle.
Efectivamente, El hijo de Gregor Samsa es una nouvelle que encanta y subyuga desde su magistral primer capítulo. La sutileza de las sugerencias, así como las situaciones enigmáticas respecto de las interioridades de sus personajes, atrapan irremediablemente al lector. Se vislumbra una serie de traumas en las monjas protagonistas, cuyo carácter turbio también arrastra a las internas del liceo, dirigido por ellas. Monjas y alumnas tienen una vida pública y otra secreta, esta última revelada entre líneas, que las hace vivir en permanente zozobra con sus propias conciencias, al punto que desestabiliza su presente y les hace temer su futuro. No en vano, la novela comienza con una frase escabrosa: “Un fétido olor inundó el lugar”, anunciadora de hechos catastróficos en el Liceo San Nicollete, de Hamburgo, donde transcurre la historia.
Los pecados de Sor Rebeca, la madre superiora, otrora causa de sus autoflagelaciones; y las lecturas prohibidas de Sor Gertrudis, motivos de sus sentimientos de culpa, parecen haber repercutido en la tragedia que se avecina en Anna Olivier, cuya primera transgresión a la norma del internado, es haber escrito secretamente el poemario La mujer de rojo en siete colinas. A partir de estos hechos, se desliza la idea de que “hasta las alumnas del Liceo se dedicaban a cosas pecaminosas” (:15), y que será Anna quien encarnará al más grande pecado.
Así comienza esta historia que recrea, desde una visión personalísima, la mejor novela de Franz Kafka. Como se recuerda, Kafka publicó, en 1915, La metamorfosis, y con ella abrió el camino para muchos escritores, con su famosísima frase inicial: “Al despertar una mañana, luego de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa hallose en su cama transformado en un monstruoso insecto”, estableciendo, de esta manera, el punto de partida para la liberación de la imaginación creadora, hecho reconocido por el mismo García Márquez, cuando admite el parangón con las líneas iniciales de su Crónica de una muerte anunciada: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana”.
Pues bien, aquella historia de Gregorio Samsa, personaje convertido inexplicablemente en un monstruoso insecto, cuidado inicialmente por su hermana Grete, encuentra su prosecución en esta novela de Dávila Espinoza, con el mismo espíritu de confrontación entre el hombre empequeñecido frente a una conflictiva realidad o, acaso, frente a una cruda deformación de la realidad.
Los dos primeros capítulos se encargan de plantearnos el clima de la historia, desde la crisis que sufre Anna al iniciar su proceso de trasformación, hasta que el pánico se va apoderando de sus compañeras en el Liceo. En el ínterin se proporcionan datos complementarios sobre el claustro y se registra la aparición de la coprotagonista: Grete. El tercer capítulo se inicia con un flash back que nos remonta a días previos a la crisis de Anna. Y prosigue la historia, con constantes idas al pasado y vueltas al presente. Con este recurso la autora va construyendo los perfiles de sus personajes, al mismo tiempo que ofrece un panorama de las vicisitudes de la vida en el internado.
Destacan dentro de las sutilezas de la historia, las especulaciones de las alumnas sobre las posibles causas del desmayo y los horrores que va sufriendo el cuerpo de la protagonista. En ellas se mencionan ideas habituales o estereotipos de lo que puede ocurrir en ambientes conventuales, desde las más absurdas hasta las más creíbles: o la alumna está poseída por el demonio o es el castigo por sus amores ocultos con un sacerdote. Visto así, colateralmente la novela cuestiona la educación conservadora y enfila sus baterías contra la supuesta vida célibe de algunos sacerdotes. Citamos: “¡Falso, no es una posesión del demonio! Anna estuvo concurriendo a ocultas hacia la sacristía…” (:22). “No, no está enamorada de Dios, sino del Padre Paolo, recientemente llegado de Italia” (:23), “Yo sé que hace más de dos meses Anna se encuentra a escondidas con el padre Paolo” (:38), “No se extrañen si al volver del hospital nos comunican que está grávida como Ingrid, y que el vástago que está en camino sea el hijo del demonio” (:38).
A estas alturas de la obra, surge una pregunta: ¿Dónde está el hijo de Gregor Samsa? Muy hábil manera ha empleado la autora para atrapar y retener al lector, como en Esperando a Godot, pieza teatral de Samuel Beckett, en la que los personajes van generando tal expectativa respecto de la llegada de Godot, que el público se involucra en esta inquietud y también espera ansioso la llegada de Godot. Termina la función y Godot nunca llega. En el presente caso, como si todos estos prolegómenos no hubieran sido lo suficientemente deslumbrantes, a partir del capítulo octavo se va insinuando el hilo que nos conducirá hacia el final de la historia, a través de un nuevo flash back, que nos remonta hacia tres meses antes de la enfermedad de Anna, cuando Grete informó a sus amigas parte de sus tareas en casa: “Asumí ser lazarillo de un insecto –dijo a sus compañeras” (:55).
A partir de aquí asistimos a una nueva historia que, en realidad, es la historia previa a la que hemos ido conociendo y que, igualmente, nos encandilará hasta empalmar con el punto dejado en suspenso y continuar, desde ahí, hasta llegar al contundente final, que bien podría interpretarse como el principio de un futuro aterrador, quizá el mismo que, en su tiempo, vislumbró Kafka para el mundo moderno. Esta hábil estrategia literaria, combinación de narración circular con narración lineal, nos devuelve a la imperiosa necesidad de conocer lo que realmente ocurrirá con el cuerpo de Anna y nos obliga a llegar a ese final, en el que, al fin conoceremos al hijo de Gregorio Samsa.
Los episodios que comprenden hasta aproximadamente el capítulo catorce, son igualmente sugerentes, pero ahora giran en torno del nuevo protagonista: el descubrimiento del hermano de Grete, la revelación de que Anna anhelaba secretamente ser su novia, los encuentros furtivos de Anna y Gregorio, el surgimiento de la pasión, y otros, que dotan a la novela de un impresionante valor artístico, al cual se puede acceder solo a través del placer de la lectura y no de una simple reseña.
A partir del capítulo catorce la obra adquiere otro tono. Ya se sabe lo que va a ocurrir, pero no se sabe cómo va a ocurrir. Hay aquí una gran elipsis para omitir lo que queda como sobreentendido. Pero sirve para plasmar cómo es que lo sobrenatural es asumido como algo natural, en una suerte de convencimiento de que muchas veces la realidad adversa termina imponiéndose: “Todo había cambiado desde la tarde en que descubrieron que Anna esperaba un hijo de él (de Gregorio)” (:90). Sin embargo, también genera expectativa, como en Esperando a Godot. Es que, además, existe una voluntad expresa de rechazar la posibilidad de que el hijo de Samsa sea otro como él: “(…) la gran ciudad de Hamburgo no admitiría un monstruo más, tenía suficiente con Gregor Samsa” (:91).
La obra concluye con una gran espectacularidad alrededor del advenimiento del hijo de Gregorio y Anna, cuyos detalles son precisamente los que nos atraparán hasta el final. El relato de este nuevo apartado actúa, además, como un feed back puesto que, llegado a este episodio, el lector ya sabe que realmente Anna ha sido embarazada por el insecto de Kafka, pero surge una nueva inquietud que recaptura la atención del lector. Y así, nuevamente nos enfrentamos a una serie de detalles igualmente sugestivos, como los que hemos ido apenas insinuando, y que hacen de esta nouvelle un relato denso, con buen manejo del suspenso, la tensión dramática y el final estremecedor.
Por otra parte, esta novela pone de manifiesto la evolución estética de su autora por los predios de la narrativa. Ahora su visión es más universal. Si en La Firma, su primera novela, sus escenarios fueron ciudades del oriente peruano, en esta ocasión su espacio territorial es la ciudad de Hamburgo; si antes sus conflictos fueron de orden policial, ahora abordan un gran tema existencial; si antes sus denuncias fueron sobre el tráfico ilícito y la violencia irracional, ahora explora las debilidades humanas, entretelones de la vida monacal y las contradicciones del mundo moderno, sumamente complejo. (marineroensierra@hotmail.com)
23 Diciembre 2011

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